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La Exclusión Social
radicaliza el Voto

Por Rubén Silie
El
sufragio electoral no es un fin en sí mismo. Es un derecho
ciudadano que se ejerce como instrumento para viabilizar la
participación popular en la escogencia de un proyecto de gobierno.
En tal sentido, los resultados tienden a reflejar las aspiraciones
de los votantes. Por ello es interesante leer los resultados de
los procesos electorales que se han llevado a cabo en este año,
tomando en cuenta el contexto social y económico de la región.
Desde comienzos de la década del noventa, los organismos
internacionales han logrado mantener el tema de la pobreza y de la
exclusión social, en un alto nivel de prioridad. Quizás la máxima
expresión de ese interés haya sido el programa sobre los objetivos
del desarrollo del milenio, desde el cual se hace un enfoque
integral de las causas de la pobreza y de los medios para avanzar
en la superación de la misma.
Los gobiernos asumieron un compromiso formal para asegurar el
cumplimiento de esas importantes metas. Sin embargo, si bien se
puede decir que la economía a nivel mundial ha crecido, incluso en
muchos de los países de nuestra Región; tal impulso se ha logrado
manteniendo una alta concentración del ingreso, al tiempo que
elevados niveles de desigualdad social.
Aunque las señales del compromiso gubernamental han sido
evidentes, las mismas no han sido lo suficientemente exitosas para
alcanzar los resultados esperados. En el caso de algunos de los
países del Gran caribe, se observa que ha habido una limitada
reducción de la pobreza. Pero ese resultado no tiene por única
causa las medidas adoptadas en las Metas del Milenio. Para muchos
de los países donde se verifica esa merma de la pobreza, esto ha
tenido más que ver con el impacto de las remesas enviadas por los
emigrantes y la ampliación del sector informal de la economía.
En
otras palabras, la ligera mejoría alcanzada por los pobres de la
región se la han proporcionado ellos mismos, desarrollando
aquellas iniciativas a las cuales la exclusión social les ha
forzado, como es el caso de la emigración hacia el exterior.
Esos evidentes atrasos en la lucha contra la pobreza se están
evidenciando en los resultados de las elecciones. Esto ha afectado
a los partidos políticos tradicionales que han tenido por siempre
el control electoral; los cuales han recibido un cierto rechazo
por parte de una ciudadanía que ya no quiere creer en las promesas
sempiternas.
El
cansancio de amplios sectores populares, ha contribuido al
surgimiento de un nuevo liderazgo, cuyo compromiso, tiende a
establecerse directamente entre el electorado y el líder, sin
mediaciones, tratando de consolidar movimientos sociales más que
organizaciones formales de participación política.
Si
observamos los resultados electorales que se han producido en los
últimos meses, a todo lo largo del continente, veremos cómo el
voto popular se ha concentrado, ya sea para dar el triunfo a los
líderes alternativos o consolidándoles en segundas posiciones. Lo
cierto es que en cualquier caso están siendo proyectados como
verdaderas fuerzas políticas, sin las cuales no se puede
garantizar la gobernabilidad de sus respectivos países.
Esto evidencia que el voto se ha radicalizado, entre los
socialmente excluidos, inclinándose hacia aquellas posiciones que
consideran más identificadas con sus aspiraciones de cambio y con
la urgencia en alcanzar las metas del desarrollo, tantas veces
pospuestas. Quizás ha llegado el momento de escuchar las voces de
los de abajo.
*El Dr. Rubén Silié Valdez es el Secretario General de la
Asociación de Estados del Caribe.
Fuente:
www.flacso.org |