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EL MIXPARTIDISMO: ¿UNA CATEGORÍA POLÍTICA ARGENTINA?


Por Patricia Bullrich




La mezcla de diferentes ideas y procedimientos -y en la música, la de diferentes canciones y ritmos bailables-, se denomina ‘mix’. La ciencia política había alumbrado, con una cierta claridad, tres sistemas políticos conocidos, el unipartidismo, el bipartidismo y el multipartidismo.

En el sistema de partido único, cuyo objetivo es darle una sólida base al régimen y acallar las voces disidentes, el partido se confunde con el Estado y, a excepción de México, que subsistió en democracia, ha sido el sistema característico de los regímenes comunistas o fascistas.

El bipartidismo es la capacidad de sintetizar en dos opciones la diversidad de ideas, los intereses sectoriales y lograr una fluida alternancia en el poder. Conceptos tales como la propiedad privada que enfrentó a los partidos liberales con los socialistas, el lugar de lo social, las libertades civiles, el rol de la religión, la mayor o menor injerencia del Estado, el papel del mercado y la libertad son algunos de los ‘issues’ que han caracterizado el debate en un sistema político bipartidista.

El multipartidismo es la existencia de una variedad de opiniones que se expresan en una diversidad de opciones. En general un sistema multipartidista es producto de la existencia de problemas múltiples y de difícil solución en una sociedad, tales como problemas religiosos, étnicos etc. Puede ser también la muestra del desorden de un sistema político o de la crisis de representación de los partidos, como en México donde ha terminado la historia del partido único, con la competencia pareja de tres partidos o en Uruguay, el tradicional bipartidismo entre ‘blancos’ y ‘colorados’ dio paso al gobierno del Frente Amplio.

En la Argentina una nueva categoría está por nacer: el mixpartidismo, un sistema de conglomerados políticos que no muestran diferencias ni en sus programas, ni en sus prácticas políticas, ni en su modelo de construcción, ni en su concepción del mundo y que se alinean en torno al poder y a un laberinto político institucional que reproduce en forma endógena sus vicios.

El mixpartidismo es la confluencia de grupos que se organizan por “casualidad”, inorgánicos, sin compromisos con la sociedad y de partidos que para proteger sus estructuras buscan salvavidas y salvadores que les permitan transitar una elección y volver a ubicarse en el escenario del poder.


El fenómeno de los salvadores

Mucho se escribió sobre la falta de coherencia interna de la Alianza. Pero nada, o casi nada, sobre la coherencia interna del conglomerado actual de gobierno o del conglomerado que está por nacer.

Es que se sobreentiende que a unos se le piden condiciones distintas que a los otros.

Cuando el componente mayoritario del mix es peronista, se parte de la base de que subordinarán todo a la figura dominante y ahogarán, con recursos fiscales abundantes, las ideas diferentes, si las hubiere.

Nadie se pregunta sobre la capacidad de convivencia de sectores antagónicos en el seno del oficialismo. Se ve normal. El poder ordena y subordina. Esta es la lógica del peronismo en el gobierno.

Cuando el componente mayoritario es radical, como se lo considera débil y timorato en el manejo del poder, a pesar de su mimetización se lo barre, como se ha demostrado en 1989 y 2001.
Hemos transitado dentro de este laberinto los 23 años de democracia, con una clara involución social y aún no sabemos como salir.

Cuando el peronismo vuelve a desplegar su manejo del poder y reproduce, una y otra vez, la misma lógica, la sociedad que no se encuentra representada comienza a impacientarse y le exige al resto que se una.

No importa cómo ni cuándo. Tan sólo quiere una opción enfrente. El recuerdo de los debates en torno al porqué del rápido fracaso de la Alianza, el recuerdo de la farsa de la elección entre el duhaldismo y el kirchnerismo en la última elección quedan de lado.

La irritación es más fuerte que la experiencia y se pide lo mismo que ya fracasó.

El ‘todos contra Menem’ se ha transformado ahora en ‘todos contra Kirchner’.

Se busca una salida rápida, un salvador, no importa que el poder opositor sea de la misma naturaleza que el que está en el gobierno.

Las preguntas elementales no se hacen: ¿Quién va a gobernar?, ¿con qué programa?, ¿con qué equipo?, ¿con qué valores?

¿Repetiremos la historia?

Se está dibujando un nuevo conglomerado, no importan los nombres, son apenas un emergente de un problema de fondo: el reemplazo final de un sistema de ideas por un sistema de poder. Exclusivamente de poder.

Este conglomerado precisará de gobernadores, diputados, concejales, intendentes, interventores, secretarios de Estado. ¿A donde recurrirá para obtenerlos? Muy simple, el sector del PJ que está en la oposición llamará al resto que es oficialista, y el radicalismo volverá a abrir las puertas a sus díscolos. El poder real quedará en las mismas manos.
Si tuviese la oportunidad de ganar quedarían afuera apenas Kirchner y su señora, como del menemismo quedó afuera exclusivamente Menem, y del duhaldismo sólo Duhalde.

La lógica del mixpartidismo garantiza la continuidad de las prácticas políticas instaladas en el poder.
Podríamos denominarlo un proceso de repetitiva alternancia continuada. la misma película vuelve a pasar una y otra vez. Es la alternancia al interior del mismo sistema corporativo que mantendrá la misma maraña de intereses que no se cambia a sí mismo. Por el contrario, cada vez se defiende con métodos más degradados para mantener su poder.
Se reduce el debate a la irrupción de una persona y nada se habla del resultado que las estructuras políticas que le dan sustento han provocado en la Argentina, en el pasado y en el presente.

Por eso es que es necesario cambiar el eje del debate, para que la alternancia sea esencial , transformando la concepción de un poder político que se apropia del estado y sus recursos, que solo piensa en la próxima elección, que no se anima a hacerle frente a las corporaciones del poder, sean empresarias o sindicales, que usa la pobreza para mantener clientes, que tergiversa y manipula la ley, que construye un capitalismo de ventajas y un federalismo unitario, en definitiva que no se anima a salir del laberinto y pensar estratégicamente el lugar de Argentina en el mundo, la producción del conocimiento, la educación, el país productivo, los millones de cerebros creativos puestos en dirección del progreso. Y lo que es más importante, ¿quien va a tener el coraje de hacerlo? y no volver a repetir la salida fácil: esto es entregar la llave de la gobernabilidad a los “dueños” eternos que solo se cambian de ropaje como si fuera una sucesión de actos ya escritos. Esta es la alternancia que tenemos que construir, no de aparatos sino de sustancia democrática.



PATRICIA BULLRICH ES LICENCIADA EN HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES CON ORIENTACIÓN EN COMUNICACIÓN POR LA UNIVERSIDAD DE PALERMO – ARGENTINA
DIPLOMA DE HONOR, -SUMMA MAGNA CUM LAUDE- Y MASTER EN CIENCIAS POLITICAS POR FLACSO –ARGENTINA.

Fue ministra de Trabajo del gobierno de la Alianza y diputada nacional entre 1993 y 1997. Desde 2003 es titular de Unión por Todos.

 
Más información en http://www.unionportodos.org/
 


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