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Palabras que se llevó el viento
Este mes, transcribimos una columna escrita por la periodista
argentina, de cara a las próximas elecciones presidenciales.
Por Ana Gerschenson
En este país a las palabras de campaña siempre se las lleva el
viento. Basta con repasar las promesas electorales de los últimos
presidentes de la Argentina. Comenzando por Raúl Alfonsín, quien
en 1983 emocionaba en sus actos al sostener que "con la democracia
se come, se cura y se educa" pero terminó impulsando las Leyes de
Punto Final y Obediencia Debida, hasta "el salariazo" y la
"revolución productiva" planteada por Carlos Menem, que se tradujo
más tarde en la quiebra de la industria nacional.
Después llegó Fernando de la Rúa levantando la bandera de la
transparencia y presentándose como la contracara del menemismo. Y
justamente, el aliancista se tuvo que ir de la peor manera,
asfixiado por casos de corrupción como la llamada "ley Banelco" y
luego de haber convocado a Domingo Cavallo como su ministro de
Economía. Lo que siguió, esa semana en la que la Argentina ingresó
en el Guinness por tener cinco presidentes de corrido, no tuvo ni
campaña ni gestión concreta por obvias razones. Y aunque Eduardo
Duhalde aterrizó en la Casa Rosada de la mano de una Asamblea
legislativa de emergencia en pleno caos institucional, igual
tendrá su lugar en el ranking de las promesas incumplidas por
aquella frase de su discurso inaugural que quedó en la nada: "el
que depositó dólares, recibirá dólares".
El menú de compromisos de Néstor Kirchner quedó registrado en su
discurso de asunción, el 25 de mayo del 2003. Fue ante un Congreso
repleto y rodeado de sus entonces aliados políticos: Eduardo
Duhalde y Roberto Lavagna.
Es interesante repasar la lista de promesas hoy, cuando se
extinguen sus cuatro años de gestión en menos de dos meses.
Primero, Kirchner convocó a la oposición a cooperar en la
reconstrucción de la Argentina, anticipó una reforma impositiva
profunda, habló de la lucha que su gobierno daría contra la
inseguridad, planteó la necesidad de una reforma política que
mejore la calidad institucional, se comprometió a votar una nueva
ley de coparticipación federal para las provincias y escuchó los
aplausos del recinto cuando presagió "un traje a rayas para los
grandes evasores". "En los países civilizados con democracias de
fuerte intensidad, los adversarios discuten y disienten
cooperando. Por eso los convocamos a inventar el futuro", fue la
invitación inicial del santacruceño, que en cuatro años no se
reunió con los líderes de la oposición para hablar de nada. Y
aunque durante la década menemista, fue Kirchner uno de los
gobernadores que más batalló por una ley nueva de coparticipación
federal de las provincias, pendiente desde la reforma
constitucional de 1994, las cosas cambiaron una vez que acomodó
sus cosas en el despacho presidencial.
En el discurso que publica el sitio oficial de Presidencia, con lo
dicho por Kirchner aquel 25 de mayo dice claramente: "Forma parte
de nuestra decisión cumplimentar con aquello que fue mandato
constitucional del '94 y que lamentablemente hasta hoy no se ha
cumplido. Darnos una nueva ley de coparticipación federal no sólo
implica nueva distribución y nuevas responsabilidades sino el
diseño de un nuevo modelo de país". Pero no pasó.
Está claro que la reforma política, una promesa también de
Fernando De la Rúa, es ideal sólo para la campaña, porque una vez
en el poder desarmar el sistema de las listas sábanas no es
"negocio" para la perpetuación de quien gobierna. El traje a rayas
para los evasores no sólo no llegó, sino que Kirchner se va con un
escándalo por evasión impositiva a cuestas, que involucra a
funcionarios de su gobierno también por supuestas coimas: Skanska.
"No creo en el axioma de que cuando se gobierna se cambia
convicción por pragmatismo. Eso constituye en verdad un ejercicio
de hipocresía y cinismo", dijo Kirchner aquella mañana de mayo,
aunque cambió una vez acomodado en la Casa Rosada. No fue el
único. De la Rúa había dicho en 1999: "Voy a ser un presidente en
el que la gente pueda creer, voy a ser el que empuje a la cárcel a
cada delincuente, a cada corrupto. Voy a ser el presidente de un
pueblo feliz". Lo de Menem fue peor. En 1989, en plena campaña
presidencial no titubeó cuando dijo en su discurso de asunción:
"Declaro a la corrupción delito de traición a la Patria". Y ya se
sabe lo que fueron los diez años que duró su gobierno.
Fuente : www.yahoo.com.ar
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