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NOVIEMBRE
La receta de Aznar

Por DORA FERNANDEZ
Dicen que América Latina es el continente del futuro, que por
coyuntura goza de bonanza económica y que figura entre los
favoritos de la inversión extranjera directa, pero en
contradicción la desigualdad crónica no retrocede, persisten la
violencia y la corrupción, su régimen tributario es complejo y su
parlamento, limitado y, aunque posee un valioso capital humano, en
el plano educativo ha quedado atrás de países islámicos, y muchos
líderes usan la política en beneficio propio.
Así podría resumirse la introducción de América Latina, una agenda
de libertad, de FAES, prologado por el ex presidente español José
María Aznar, donde se reconoce a América Latina como parte de
Occidente, que todavía atribuye sus males económicos al FMI y al
Banco Mundial, que ha satanizado el ALCA, donde 14 gobernantes no
han logrado culminar su mandato y con países donde se producen las
alianzas más estrambóticas del mundo. Aunque logra seducir a
Europa y EEUU con sus manifestaciones culturales y, por qué no, su
exotismo.
Los diversos escenarios que ofrecen los países que conforman
Sudamérica exigen una breve radiografía, con estadísticas que
grafiquen sus realidades. Venezuela tiene a Chávez, que por obra y
gracia de los petrodólares norteamericanos ya es un personaje
poderoso al contar con aliados tan disímiles como Bolivia, el país
altiplánico, y potencias como China. Evo no ha dudado en aliarse
con los iraníes, aunque tiene ante sí una secesión con dos
regiones polarizadas, nacionalizaciones y huelgas por doquier. En
Ecuador Correa ondea la bandera de un nuevo tipo de socialismo
dentro de una economía totalmente dolarizada. Néstor Kirchner,
aunque es conocida su oposición al ALCA y optó al igual que Lula
por cancelar su deuda con el FMI, ha sabido mantener el
crecimiento económico dentro de un perfil discreto.
En el segundo tiempo de García, el Perú se ha alejado del look
nacionalista de sus vecinos y ha optado por seguirle los pasos a
Chile, e intenta impulsar su comercio exterior abriendo mercado a
los tratados de libre comercio con Estados Unidos, China, Singapur
y UE acorde a su posición de futuro anfitrión de APEC. Y su
apuesta por la disciplina fiscal prepara el terreno para captar
inversionistas. Chile ha reducido el índice de analfabetismo y el
gasto de su presupuesto no se concentra en la capital, sino que se
reparte equitativamente en sus regiones a fin de propiciar el
desarrollo integral de toda su población.
El gigante Brasil apoya la idea chavista del Banco del Sur y la
Unión Sudamericana, pero el 30% de su economía se sustenta en su
relación económica con China, y está asociado comercialmente a los
estadounidenses, y aunque es casi un continente no puede ignorar
el mercado de una potencia como es EEUU. Lula se ha concentrado en
reducir la pobreza y paliar la violencia que azota a sus
capitales.
El análisis de FAES reconoce en Estados Unidos su tradición en la
defensa de la democracia, la libertad y los derechos
fundamentales, y no oculta ante América Latina su propósito de
mostrar las bondades del libre mercado, buscando desacreditar a
los predicadores de arengas nacionalistas procastristas que
invocan algunos mandatarios.
En esta obra sorprenden las críticas tanto a EEUU como a Europa
por aplicar medidas proteccionistas en el agro, y revela que
Latinoamérica es vista por EEUU como una región incapaz de
modernizarse. Va más allá al precisar que en Norteamérica existen
detractores poderosos que se oponen a los TLC, a pesar del NAFTA Y
CAFTA, y que por haber centrado su interés en Oriente Medio ha
descuidado su relación con los vecinos del sur.
Tal vez por ello les recomienda a los representantes del Tío Sam
revisar sus políticas de ayuda hacia este continente, insistiendo
en superar la precariedad de su infraestructura e incrementar la
capacitación tecnológica y científica de sus recursos humanos. Es
en este punto donde se incide en que la pobreza y la marginalidad
son caldo de cultivo para el narcotráfico y el terrorismo. Pero al
referirse a América Latina no menciona a la Comunidad Andina de
Naciones (CAN), que pese al zigzagueo de sus miembros ahora
intenta negociar un acuerdo entre este organismo y la Unión
Europea.
Este ensayo rescata principios de la fiscalidad que bien podrían
ser aplicados en estas tierras. El ejemplo de Irlanda, que aplica
impuestos de bajo gravamen que se han convertido en un mecanismo
efectivo para su recaudación tributaria y también para los
inversionistas, asimismo deja entrever que el impuesto al valor
añadido o IVA debería uniformizarse en un 15% como un incentivo
para desterrar la informalidad en esta región. El impuesto general
a las ventas o IGV, por ejemplo, en Perú alcanza el 19%.
El desarrollo en América Latina debe afianzarse poniendo en
práctica la estabilidad jurídica, la independencia de sus poderes
y sus instituciones, entre ellos el Tribunal Constitucional y el
Banco Central de Reserva, sin obviar el respeto a la propiedad.
Una prueba de ello es que tanto en Europa como EEUU a pesar de
existir una alta presión fiscal los inversionistas tienen la
garantía de que sus propiedades sí serán respetadas. Y estos sí
deberían ser modelos a imitar.
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