Las caracolas de Neruda
Lo invitamos a disfrutar de esta exposición, con motivo del Bicentenario de la Independencia de Chile y del V Congreso Internacional de la Lengua Española en Valparaíso, realizada en el Instituto Cervantes, Madrid.
Fue la primera exposición mundial de la extraordinaria colección de conchas, reunidas por Neruda y los poemas inspirados en ellas.

Poesía y naturaleza en Neruda. Conceptos y formas de la exposición
El comienzo. Hay que imaginarse a un Neruda casi niño recogiendo una concha en la
playa. Una caracola cualquiera, humilde, de esas que abundan en las orillas marinas del
planeta. Habrá sido en aquella playa del sur lluvioso de Chile donde, en 1919, vio por
primera vez al mar teniendo quince años. Un muchacho flaco que nunca ha salido de su
frontera, se asoma al mundo. El océano tormentoso del sur América lo abruma.
Instintivamente, en un gesto defensivo o quizás respetuoso, como si hiciera una venia,
se agacha y recoge una caracola. En cuclillas, él mismo toma la forma de un caracol.
Cuando se endereza parece que se desplegara, que hubiera crecido. Ahora tiene ese
caracol en la mano. Como un poema la pequeña concha rima con el océano. Su íntima
oquedad responde con un eco al vasto trueno del universo. Así pudo comenzar todo.

El gran Océano. El valor metafórico central del mar, en la poesía de Neruda, es una
constante demostrada por los críticos y demostrable por cualquier lector atento.
“Estrella de oleajes, agua madre/ madre materia,…/ Lo que formó la oscuridad
quebrada/ por la sustancia fría del relámpago,/ Océano, en tu vida está viviendo”. (El
gran océano.)

Pero, a ratos, esa misma profusión de imágenes marinas oculta la sutileza de la
metáfora. La profusión escamotea la profundidad. La abundancia oceánica de la obra
hace perder el sentido.
Observar estas caracolas con calma, como quien las acaba de recoger en una
playa, lado a lado con los poemas marinos de Neruda, restituye ese sentido. Leyendo
estas conchas, a la luz de estos poemas, la experiencia poética retorna a su núcleo:
vemos a la metáfora regresar, enrollándose, hacia su origen.

La espiral. Estudios morfológicos y matemáticos revelan que la estructura de muchas
caracolas –como el Argonauta, argos, emblema de esta exposición-- corresponde a lo
que, en geometría, se llama espirales logarítmicas. Diferentes a las espirales “de
Arquímedes”, que se expanden a un ritmo igual, las logarítmicas se caracterizan por
aumentar su radio siguiendo las proporciones de la sección áurea determinada por el
número phi. La morfología interior de las caracolas descubre una espiral que, naciendo
de un punto infinitesimal, se replica a sí misma, a la vez que crece en anillos que se
alargan progresivamente formando la llamada spira mirabilis, o espiral equiangular.
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