Es necesario un contrato… pero sin letra pequeña.

Por estos día se debate en España la conveniencia o no de la propuesta sobre inmigración de Rajoy: quiere que, para regularizar su situación en España, los inmigrantes firmen un contrato en el que se comprometan a aprender español, a respetar las leyes, pagar impuestos, y a adoptar «nuestras costumbres».La polémica desatada en plena campaña para llegar o repetir en La Moncloa, deja de lado los aspectos más serios de esta realidad: El 10% de la población española es inmigrante.
Lo que está claro es que los dos partidos mayoritarios tienen el deber de tratar esta cuestión para dar respuesta no sólo a los españoles, sino a miles de hombres y mujeres que llegan a España cada año en busca de un futuro mejor. Regular el flujo inmigratorio es una cuestión no menor que tendrá que afrontar el gobierno que asuma después del 9-M. Hasta aquí bien . Pero también debería abordarse con seriedad.
Me reservo los calificativos para las palabras del secretario de Empleo del Partido Popular de Madrid,Arias Cañete- “ya no existe una mano de obra "tan cualificada" como antes. "Aquellos camareros maravillosos que teníamos, que le pedíamos un cortado, un no sequé, mi tostada con crema….., y venían y te lo traían rápidamente y con una enorme eficacia”-. Frases como éstas no hacen más que empañar el mensaje que el partido de la oposición intenta comunicar al electorado. Seguro que las señoras ecuatorianas que viajan a España y necesitan una mamografía – y según dice Arias Cañete lo consiguen aquí en 15 minutos- en su país de origen estarían muertas por un diagnostico tardío o falta de recursos. También será la misma señora que hará las tareas que los españoles no están dispuestos a realizar. ¿Para dónde se inclina la balanza, entonces?
Es verdad que este tipo de contratos existen en muchos países de la UE. Pero también es cierto que, por saber qué día es el cumpleaños de la reina Isabel los inmigrantes que llegan al Reino Unido estén más integrados o ello dé garantías de que respetarán las leyes.
Un contrato debería abarcar también garantías y derechos. No solamente de trabajo hablamos. De calidad de vida y ello empieza desde que una persona debe dormir a la intemperie para conseguir – con suerte- ser atendido al día siguiente.
De oficinas de extranjerías totalmente colapsadas y con informaciones a veces equívocas. La experiencia propia de quien escribe estas líneas lo confirma. De que los plazos para la expedición de las resoluciones se cumpla… o se acerque al menos a lo estipulado por la ley.
Un contrato si, pero con fondo y forma. Y sin letras pequeñas. Tal vez ese día, a quien le pregunten por el cumpleaños del Rey o el plato más típico de España, no tenga problema en estudiarlo. Porque al fin se sentirá integrado.